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Las políticas arancelarias implementadas en el contexto de tensiones comerciales globales están trasladando su impacto económico principalmente a consumidores e importadores internos, coincidieron participantes de un panel del Foro Económico Mundial, al analizar paralelos históricos y consecuencias actuales del uso de tarifas.
Durante la intervención, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, advirtió que el efecto real de los aranceles difiere del objetivo político con el cual suelen justificarse. Al referirse a la relación comercial entre Estados Unidos y Europa, señaló el aumento de tarifas teniendo impacto directo en el mercado interno estadounidense. "Si 96% de ese costo recae sobre el consumidor y el importador de Estados Unidos, no creo que sea un buen resultado, particularmente en términos de inflación", afirmó.
Lagarde explicó que el nivel promedio de aranceles entre Estados Unidos y Europa pasó de alrededor de 2% a más de 12% en un año, con la posibilidad de incrementarse aún más. Según indicó, este aumento no se tradujo en una transferencia de costos hacia los exportadores extranjeros, sino en presiones internas sobre precios y consumo.
Ken Griffin, fundador y director ejecutivo de Citadel, coincidió en que los aranceles funcionan como un impuesto indirecto con efectos regresivos. "Con cualquier impuesto, y el arancel es un impuesto, siempre existe la pregunta de quién lo paga", señaló, al destacar que diversos estudios muestran como el costo recae mayoritariamente en consumidores y empresas nacionales, no en compañías extranjeras.
Griffin advirtió que este tipo de políticas también genera distorsiones estructurales dentro de la economía. "El temor constante con los aranceles es el clientelismo, porque se crea un entorno en donde la empresa más conectada políticamente obtiene ventajas", resaltó.
El debate incluyó una comparación histórica con la década de 1930, cuando el aumento de tarifas comerciales precedió a una fuerte contracción del comercio internacional. Andrew Ross Sorkin recordó, tras la aprobación de aranceles en Estados Unidos en 1930, el comercio global cayó alrededor de 60% en un año, en un contexto de crisis financiera.
Adam Tooze, historiador y director del Instituto Europeo de la Universidad de Columbia, sostuvo que el escenario actual es distinto, pero no está exento de riesgos. "Estamos muy lejos de un colapso como el de los años treinta", explicó al señalar la ausencia de una ruptura monetaria similar al abandono del patrón oro, hecho que amplificó el impacto arancelario en esa época.
No obstante, Tooze subrayó que la volatilidad y la incertidumbre en torno a las políticas comerciales generan efectos persistentes. "Históricamente, lo que hace más dañino este tipo de medidas es no saber de una semana a otra cuál será la política comercial", dijo en el Foro de Davos.
Lagarde concluyó que evaluar los aranceles requiere analizar quién asume realmente su costo y cuáles son sus efectos inflacionarios y de crecimiento económico. "Tenemos que ver cuáles son las consecuencias, los efectos colaterales y el impacto en inflación y crecimiento", remarcó.
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