
Foto: Axel Olivares (Composición/NotiPress)
Mientras la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro mantiene en vilo a un mundo que intenta predecir cuál será el destino del país sudamericano, los mercados buscan leer la reconfiguración del entorno energético y económico regional. En este contexto, México se enfrenta a una serie de retos inmediatos y oportunidades potenciales de mediano y largo plazo.
El 3 de enero de 2026, Estados Unidos concretó la captura de Maduro, hecho que desencadenó reacciones en mercados internacionales y generó incertidumbre geopolítica. En su caso, México podría enfrentar afectaciones en el comercio bilateral, los flujos financieros y el mercado petrolero, mientras surgen expectativas positivas si se consolida una transición democrática en Venezuela.
Algunos especialistas del sector económico anticipan una posible alza en el precio internacional del petróleo durante los próximos días. La proyección es que el crudo supere los 100 dólares por barril, debido a la interrupción parcial del suministro desde Venezuela. Esta situación favorecería temporalmente a países exportadores como México.
Por otro lado, analistas energéticos advierten que la acción militar estadounidense en territorio venezolano marca un punto de inflexión en el mercado de hidrocarburos. Ramsés Pech, experto del sector, señaló que el movimiento de Washington responde a una estrategia integral para garantizar petróleo abundante y barato. De consolidarse esta alianza energética entre Estados Unidos y una futura administración venezolana, México podría enfrentar una reducción en la demanda de su petróleo por parte de su principal socio comercial.
Actualmente, Pemex destina cerca de 400 mil barriles diarios a la exportación, con más del 30% comprometido en rutas específicas. Un desplazamiento del crudo mexicano en favor del petróleo venezolano podría obligar a buscar mercados alternos, posiblemente con descuentos adicionales, lo cual afectaría directamente las finanzas de la empresa estatal.
Igualmente, en el frente comercial, México exporta productos manufacturados, alimentos, medicinas y autopartes a Venezuela. Estos flujos enfrentan un riesgo inmediato de interrupciones logísticas o contractuales. Sin embargo, si el nuevo gobierno en Caracas logra estabilidad y reconocimiento internacional, se abriría un mercado de más de 28 millones de personas con altas necesidades de reconstrucción económica.
Empresas mexicanas de sectores como infraestructura, bienes de consumo, telecomunicaciones y energía podrían encontrar oportunidades relevantes en ese proceso. Proyectos de inversión conjunta entre Pemex y Petróleos de Venezuela (PDVSA), suspendidos durante años por sanciones y falta de inversiones, podrían reactivarse bajo nuevos esquemas de cooperación técnica y operativa.
De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, el uso de combustibles fósiles alcanzará su punto máximo hacia 2050. En este horizonte, decisiones estratégicas tomadas durante esta década definirán qué países consolidarán su posicionamiento energético global. Estados Unidos busca asegurar su suministro con respaldo geopolítico. México, en cambio, enfrenta la necesidad de ajustar su estrategia para mantener competitividad y diversificar sus canales de exportación.
En términos migratorios, un eventual proceso de estabilización en Venezuela podría derivar en el retorno gradual de ciudadanos venezolanos, aliviando parcialmente la presión sobre los sistemas de asilo y servicios sociales en México.
Los cambios en Venezuela también impactan de manera indirecta a economías como China, principal destino del petróleo venezolano durante la última década. Una reorientación de esos volúmenes hacia Estados Unidos reconfiguraría alianzas dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), influyendo en la distribución de inversiones y condiciones comerciales.
Un posible obstáculo podría venir de la mano del mismo Gobierno de México que, luego de condenar la intromisión de Estados Unidos en territorio venezolano y la captura de Maduro, podría no acompañar la dirigencia impulsada por Washington en Caracas.
El escenario plantea una reestructuración regional en materia de hidrocarburos. México deberá adaptarse a este entorno en transformación, donde Venezuela, tras la captura de su expresidente, comienza a perfilarse nuevamente como un actor energético y comercial de relevancia global.
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