Ciudad de México,
Mario Velázquez
Crédito foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)
La diversidad lingüística es sinónimo de riqueza cultural, pero también de vulnerabilidad. En México, donde coexisten decenas de lenguas originarias, la brecha digital amenaza con convertir la exclusión histórica en exclusión tecnológica.
Frente a este escenario, el Tecnológico de Monterrey a través de la Escuela de Humanidades y Educación impulsa una plataforma de inteligencia artificial capaz de traducir español–tsotsil y tsotsil–español en formato multimodal —voz y texto—, una iniciativa que va más allá de la innovación tecnológica para convertirse en un proyecto de inclusión, justicia epistémica y preservación del patrimonio histórico del idioma, cuya población hablante es casi de medio millón de personas según datos del INEGI 2025.
Así, el desarrollo surge del Digital Society Lab, un laboratorio que articula investigación aplicada con impacto social y que trabaja en tres vertientes estratégicas: revitalización de lenguas originarias, estudio de la interacción de infantes con pantallas y análisis de fenómenos como la desinformación digital.
Es en el ámbito lingüístico donde la tecnología adquiere una dimensión simbólica: convertirse en puente entre el pasado y el futuro. Como ha señalado Martín Alejandro Martín del Campo —investigador y líder del proyecto— el objetivo trasciende lo técnico; se trata de conectar la memoria cultural con las herramientas del siglo XXI.
Por tanto, la fortaleza de esta plataforma radica en su enfoque integral. Desde el punto de vista tecnológico, combina procesamiento de lenguaje natural, redes neuronales de traducción automática y modelos híbridos de aprendizaje profundo. Pero su verdadera innovación no está sólo en los algoritmos, sino en su diseño con rostro humano.
El proyecto se apoya en los llamados "guardianes de la lengua": hablantes y expertos que validan corpus, revisan variantes, corrigen ortografía y garantizan que la digitalización no derive en extractivismo cultural. Esta colaboración asegura calidad semántica y pertinencia cultural, dos variables críticas cuando se trabaja con lenguas históricamente marginadas.
Además, la plataforma ha sido concebida para operar en entornos de baja conectividad mediante un esquema híbrido offline–online. Esta decisión estratégica reconoce la realidad de muchas comunidades indígenas y evita que la innovación quede limitada a contextos urbanos o hiperconectados. La futura distribución gratuita en tiendas digitales amplía su alcance a estudiantes, docentes y activistas culturales, posicionándola como una herramienta de acceso abierto y alto impacto social.
Los grandes modelos de inteligencia artificial priorizan idiomas con vastos volúmenes de datos, las lenguas con corpus reducidos enfrentan el riesgo de invisibilización algorítmica. Esta discriminación tecnológica amplía la brecha digital y perpetúa desigualdades culturales.
La iniciativa del Tec responde directamente a esta exclusión estructural mediante una metodología centrada en la curación ética y validación comunitaria, privilegiando la calidad de datos sobre la cantidad. Para Gabriela Salas —investigadora y con experiencia en un proyecto similar— la inteligencia artificial puede y debe favorecer a los pueblos originarios; reconocer a traductores y guardianes como portadores de sabiduría ancestral es parte esencial del proceso.
Entonces, el impacto proyectado trasciende la traducción automática. En una segunda etapa, la plataforma podrá integrar rutas pedagógicas personalizadas, ejercicios y materiales didácticos que fortalezcan modelos de alfabetización intercultural y bilingüe. Esto implica no sólo preservar una lengua, sino revitalizarla en nuevas generaciones, integrándola a la vida digital cotidiana y evitando que quede confinada a archivos o museos.
Este proyecto pone en relieve el liderazgo del Tecnológico de Monterrey en la intersección entre ciencia, tecnología y compromiso social. La institución no sólo desarrolla herramientas innovadoras; construye infraestructuras de conocimiento orientadas a la equidad y la inclusión. En un momento en que múltiples lenguas indígenas enfrentan riesgo de desaparición, la propuesta del Digital Society Lab se perfila como modelo replicable para otras comunidades y regiones.
Entre algoritmos, sílabas y voces ancestrales, esta plataforma demuestra que la inteligencia artificial puede ser también un acto de memoria colectiva. En la era digital, preservar una lengua no es un gesto nostálgico: es una estrategia de futuro. Porque cada idioma que permanece vivo amplía nuestra manera de comprender el mundo -y de habitarlo.