La mayoría de los perros entrenados para detección nunca llega a trabajar

 05-02-2026
Carlos Ortíz
   
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Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

De cada diez perros que comienzan a entrenarse para detectar drogas, explosivos u otros olores críticos, la mayoría nunca llega a trabajar. No fallan por falta de olfato, sino porque no encajan en un perfil conductual extremadamente estrecho que suele revelarse tarde, cuando ya se invirtieron recursos públicos y se comprometió el bienestar del animal. Un estudio publicado el 4 de febrero de 2026 en PLOS ONE expone hasta qué punto el descarte de perros detectores no es una excepción del sistema, sino una consecuencia previsible de cómo se seleccionan.

A partir de experiencias documentadas en Suecia, Japón y Países Bajos, el artículo recopiló tasas de selección y descalificación citadas en literatura técnica. El texto señala, "En Japón, por ejemplo, solo el 30% de los perros que ingresan al programa de entrenamiento se convierten en perros profesionales de detección de drogas (SDD, por sus siglas en inglés)". En Suecia, el filtro reportado es aún más estricto: "solo el 1,3% de 1310 pastores alemanes y el 10,9% de 797 labradores retrievers fueron considerados adecuados como SDD en Suecia". El mismo caso agrega "aproximadamente el 50% de los perros que fueron seleccionados inicialmente para el entrenamiento fueron descalificados durante el período de entrenamiento".

El estudio se centró en identificar qué se espera del denominado perro ideal para tareas de detección. Para ello, describió dos etapas metodológicas. Primero, se realizaron entrevistas informales iniciales que permitieron derivar una lista de 24 características relevantes. Después, se aplicaron entrevistas estructuradas cara a cara. En total, se incluyeron 110 entrevistas, con 87 participantes profesionales —integrantes de la policía holandesa y de una segunda organización— y 23 civiles como grupo de control.

Durante las entrevistas, los participantes calificaron a su "SDD ideal" en una escala de 0 a 100. Además, indicaron cuánta desviación aceptarían de un perro real respecto de esa imagen ideal mediante una clasificación forzada en tres niveles de desviación. Este enfoque permitió comparar no solo la importancia asignada a cada rasgo, sino también la tolerancia práctica a diferencias conductuales en contextos operativos.

Los resultados muestran que ciertos atributos concentran menor margen de concesión entre profesionales. El propio artículo resume: "Los participantes profesionales fueron los más reacios a hacer concesiones por estas características de los SDD: neurótico, inseguro, imperturbable (entorno), orientado al olor, independiente, confiado, persistente y resiliente". Según el texto, estos rasgos se asocian de manera directa con la capacidad del perro para adaptarse a entornos exigentes y mantener un desempeño constante durante la labor policial.

Dicho trabajo también vincula el descarte con implicaciones económicas y de política pública. En relación con los costos, advierte "Seleccionar perros no aptos que luego no superen los programas de entrenamiento puede tener consecuencias económicas, ya que el entrenamiento y el alojamiento conllevan costos". En términos de bienestar animal, el artículo señala "puede haber consecuencias para el bienestar animal cuando los perros no aptos no pueden adaptarse a las exigencias de su trabajo".

En su marco general, el estudio contextualiza la demanda sostenida de perros detectores por su uso en tareas críticas, como la detección de drogas u otros olores específicos. Al mismo tiempo, coloca el foco en el "vacío informativo" que suele acompañar al descarte: no solo como un resultado individual del entrenamiento, sino un problema estructural de selección de perros detectores incidiendo en presupuestos, continuidad operativa y el destino de los animales que no se integran al servicio.

Finalmente, el texto plantea que concentrar futuras pruebas conductuales u observaciones tempranas en aquellas características donde existe menor tolerancia a la desviación podría mejorar los procesos de selección de perros detectores. De acuerdo con el artículo, este enfoque permitiría reducir pérdidas durante la formación y limitar tanto los costos económicos como los riesgos asociados al bienestar animal.




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