Casi la mitad de los jóvenes argentinos enfrenta vulnerabilidad social

 03-08-2026
Martín Olivera
   
Portada | Argentina
Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

Foto: Sergio F Cara (NotiPress/Composición)

Miles de jóvenes argentinos quedaron fuera de la educación, el trabajo y hasta la búsqueda activa de empleo. Esa triple desconexión dio origen al concepto "Triple Ni", utilizado para identificar a quienes no estudian, no trabajan ni buscan una ocupación.

La Universidad de Buenos Aires (UBA) registró este fenómeno en una investigación sobre las condiciones de vida, las creencias y las expectativas juveniles. El estudio determinó que el 48,9% de las personas argentinas entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social.

Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, investigadores encuestaron presencialmente a 1.002 jóvenes residentes en los principales centros urbanos del país. El 27% de los participantes vivía en el Área Metropolitana de Buenos Aires, mientras el 73% restante residía en otras regiones argentinas.

Dos de cada diez jóvenes vulnerables no estudiaban ni desarrollaban actividades laborales al momento del relevamiento. Dentro de ese grupo, un tercio tampoco buscaba trabajo, situación que los investigadores clasificaron como "Triple Ni".

Empleo informal y abandono escolar limitan las oportunidades

La falta de búsqueda laboral ocurre junto con trayectorias educativas interrumpidas, ingresos insuficientes y empleos caracterizados por escasa estabilidad. Entre los jóvenes desocupados, solamente cuatro de cada diez afirmaron haber buscado trabajo recientemente.

Universidad de Buenos Aires

Universidad de Buenos Aires

Siete de cada diez jóvenes vulnerables desarrollaban alguna actividad remunerada, aunque la mayoría trabajaba bajo condiciones informales. Las principales ocupaciones se concentraban en el comercio, la construcción, las tareas de cuidado, las ventas y los trabajos independientes.

Tan solo el 18,9% de quienes trabajaban accedía a un empleo registrado o parcialmente registrado. Cerca del 76% permanecía en actividades laborales informales o por cuenta propia, sin las protecciones asociadas al empleo formal.

Los ingresos tampoco alcanzaban para cubrir las necesidades habituales en una proporción considerable de los hogares consultados. El 57% declaró que el dinero familiar resultaba insuficiente para llegar a fin de mes.

Abandonar los estudios aumenta las dificultades para acceder a empleos registrados y con mejores condiciones laborales. Seis de cada diez jóvenes vulnerables no completaron la educación secundaria y solamente el 6,7% accedió a estudios terciarios o universitarios.

Pese a esas barreras, más del 85% consideró que estudiar podría mejorar su calidad de vida. Las dificultades económicas, las responsabilidades familiares y la necesidad de trabajar tempranamente limitaron la continuidad dentro del sistema educativo.

Salud mental refleja otra consecuencia de la vulnerabilidad

Entre los jóvenes encuestados, más del 70% manifestó problemas frecuentes de ansiedad o nerviosismo. Cerca de la mitad reconoció episodios de tristeza o desgano, mientras aproximadamente el 30% reportó dificultades para controlar consumos de alcohol, tabaco u otras sustancias.

La falta de cobertura médica también restringe el acceso regular a servicios sanitarios y tratamientos especializados. El 78% carecía de seguro médico laboral o privado y dependía exclusivamente del sistema público para recibir atención.

En los próximos cinco años, los jóvenes priorizaron metas relacionadas con el empleo, los ingresos y la vivienda. El 31,9% aspiraba a conseguir un empleo o mejorar el actual, mientras el 29,8% esperaba acceder a una vivienda propia.




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